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Desafíos de la educación sobre la Monocultura del saber.

27 Feb , 2022  

Escrito por: Armando Navarro

Ante los desafíos que nos impone la sociedad frente a la “calidad de vida” y al desarrollo integral que nos merecemos, es importante darnos la oportunidad de conocer o reconocer experiencias y saberes locales, que se han convertido en procesos comunitarios alternativos, dignificando la vida laboral, social y ambiental. Por tal razón, Boaventura de Sousa, propone la ecología de los saberes que es el reconocimiento de la pluralidad de pensamientos, en contraposición a la lógica de la monocultura del saber, que discrimina y segrega las experiencias populares. 

Ante estos desafíos que propone de Sousa, la responsabilidad es imperativa en docentes e instituciones educativas. En las aulas se deben llevar teorías y prácticas tanto del mundo académico como de los territorios, para que se enriquezcan entre sí. 

Dentro de los temas que debemos incluir están; “El Buen vivir”, o sumak kawsay, el Vivir Sabroso, la economía social solidaria, los circuitos económicos locales, el comercio justo, el consumo consciente, entre otros. Expresiones que nacieron de las prácticas campesinas y de la cosmovisión ancestral, paradigmas que se han convertido en referentes del pensamiento crítico latinoamericano por su importancia en el tejido social.

El buen vivir significa regresar al equilibrio natural, es vivir en plenitud bajo la perspectiva biocéntrica, el cual argumenta que toda actividad humana está en función con los demás seres que convivimos en el planeta. El Vivir sabroso es hacer cuerpo, es embarcarnos, es darle forma y vivir el territorio con la familia de sangre y con la familia vecinal. El vivir sabroso es  coexistir en armonía con todo lo que nos rodea.

Dentro de los otros temas que debemos trabajar está la economía social solidaria que se fundamenta en el bienestar de las personas y del medio ambiente, según José Luis Coraggio, esta economía es social porque construye sociedad y no solo rentabilidad, porque genera valores de uso para satisfacer necesidades de los productores, como de las comunidades, a través de los principios de corresponsabilidad, interdependencia, reciprocidad, redistribución y, complementariedad.

De igual forma,  los circuitos económicos locales, son básicos para generar vínculos, en estos espacios se promueve la reproducción de la vida y el cuidado de la naturaleza. Estos circuitos son acciones de re-existencia comunitaria, de auto subsistencia y de transformación social. En estas dinámicas se promueven prácticas como el randa–randi, la mano prestada, el trueque y el fio, entre otras prácticas autogestionarias para subsistir con dignidad.   

El comercio justo es otro eje de vital importancia para colocar en práctica en las comunidades, este consiste en articular los diferentes actores para que interactúen económica y socialmente de forma horizontal, solidaria, democrática, complementaria, justa, integral, sostenible y equitativa, tanto para el productor, procesador, como para el consumidor. 

Por otro lado, el consumo consciente responsable y solidario es un cambio de paradigma y de vida. Un consumidor responsable es consciente de sus hábitos para usar o comprar productos o servicios, sus prácticas priorizan las economías locales que producen de forma agroecológica, colectiva y familiar. Un prosumidor analiza más allá del precio y de la calidad del producto, este pregunta, ¿quién lo produjo?, ¿bajo qué condición se realizó?, ¿qué material utilizo?, ¿dónde terminará el embalaje y descarte?, etc. 

El conocer y vivir estas prácticas sociales solidarias, es descolonizar los hábitos, el lenguaje y el pensamiento. Por tal razón se debe repensar la educación, desaprendiendo conceptos, vocabulario y comportamientos. Superar la interpretación eurocéntrica, jerárquica y patriarcal de este sistema, debe ser prioridad en las aulas. Pensarnos desde las epistemologías del Sur nos permitirán reivindicar prácticas autónomas, identitarias y libertarias.

Bien nos invita Jiddu Krishnamurti a la autoobservación, para que la educación salga del simple hecho memorístico y rutinario para el trabajo, Krishnamurti dice: “Estas escuelas deben cultivar la totalidad del ser humano” (2008, p.  1). De igual forma, Nussbaum lo ratifica, manifestando que la educación descuido el cultivo de los ojos interiores y se dedicó a engrosar la riqueza nacional, desvirtuando lo fundamental del ser humano (2011).

Por último, la escritora Vandana Shiva nos hace otro llamado, diciendo que entre hombres, mujeres y naturaleza no hay barreras, ni divisiones que los separe, (1995), La autora enfatiza que: “La naturaleza es simbolizada como la encarnación del principio femenino y también es alimentada por lo femenino para producir la vida y proporcionar los medios de subsistencia” (1995, p. 77). Es decir, somos interdependientes con todos los demás seres vivos. 

No podemos seguir instrumentalizando la educación con fines competitivos, individualista y fraccionados, debemos retomar la cultura de la esperanza, confianza y otredad, donde des mercantilicemos las vidas.

Primero somos seres humanos antes de ser emprendedores y consumidores.

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