No podemos caer en la soledad impuesta - APTHAPIAPTHAPI

Publicaciones

No podemos caer en la soledad impuesta

29 Jul , 2020  

Apthapi_ARMANDONAVARRO

Escrito por: Armando Navarro

Ante la asfixiante situación de pobreza, exclusión y  muerte que vive la humanidad agudizada por la pandemia, es imperativo hacer un pare más de los centenares que se han hecho a través de la historia para direccionar el quehacer individual y social.  Frente a esta profunda crisis es necesario retornar a las prácticas de nuestros pueblos ancestrales que les ha permitido sobrevivir con dignidad.

Es urgente aprehender y recobrar la mano prestada, el convite, los círculos de palabra, trueque, la ronda, la milpa, la minga o tonga, prácticas que expresan espiritualidad, contacto con la tierra, lenguaje, familia, complementariedad en el trabajo, distribución de bienes y productos con justicia social.

Se debe dar una respuesta inmediata al mercado del intercambio desigual, a la acumulación excesiva y la racionalidad del Hombre Económico enfocada a lo individual y competitivo, que nos ha llevado a una autosuficiencia y ensimismamiento de autorrealización de éxitos personales, haciendo ver el contacto social como algo extraño, peligroso y ajeno para la vida.

Ante esta lógica de soledad impuesta, debemos protegernos a través del auto cuidado colectivo, reorganizándonos en pequeños grupos que nos permitan reconstruir confianzas y cercanía dentro del vecindario, este quehacer microterritorial desmercantilizará las relaciones interpersonales y sociales, llevándonos a nuevos acuerdos de reciprocidad, ayuda mutua y trabajo colectivo, es decir recobrar los “ayllús” debe ser nuestro gran objetivo como sociedad, que evocan y significan comunidad, vivir en común acuerdo.

Aunque los conceptos de economía social solidaria, comercio justo, circuitos locales y el buen vivir son vistos como meras especulaciones, curiosidades antropológicas de sociedades arcaicas, marginadas o periféricas, algunas comunidades en diferentes sectores rurales y urbanas las han apropiado como filosofía para proteger la madre tierra y sus familias.

Por tal razón, hacemos el llamado para ver estas costumbres ancestrales como un medio para defendernos de este modelo lineal y caótico, desnaturalizando en primera medida la racionalidad de «progreso y desarrollo» como única verdad para relacionarnos. Es importante comprender que la economía del bien común no podrán solucionar de inmediato la desigualdad y pobreza estructural en la que vivimos, pero sí fortalecerá y recompondrá los lazos de afectos, de confianzas, comunicación, participación e identidad entre los actores y territorios. 

La implementación de estas experiencias sociales solidarias no podrán plasmarse de la noche a la mañana, tal como lo manifiesta Coraggio, “Será un lento proceso dialéctico que tiene dimensiones ideológicas, teóricas y pedagógicas”. Por este motivo debemos ser pacientes y consecuentes ante un proceso complejo plural y diverso que no responde a esquemas ni fórmulas, que afortunadamente es susceptible de errores y aciertos que se legitiman en el saber, sentir y quehacer de las personas. 

Comentarios