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Educación Biocéntrica para “El Buen Vivir”

27 May , 2019  

Escrito por: Armando Navarro

Ante los desafíos que nos impone la sociedad frente a la “calidad de vida” y al desarrollo integral que nos merecemos, es importante darnos la oportunidad de conocer o reconocer experiencias y saberes microterritoriales, regionales, nacionales e internacionales, que se han convertido en procesos comunitarios alternativos dignificando la vida laboral, social y ambiental. Por eso es imperativo resignificar nuestras acciones y lenguaje, como participar en la deconstrucción del mundo actual frente a las amenazas del ecocidio vertiginoso que impera en este siglo XXI.

Por tal razón, la responsabilidad que tenemos como docentes e instituciones educativas es llevar a las aulas todas las alternativas teóricas y prácticas generadas en la academia y en los territorios, con el objetivo de motivar a las y los estudiantes a pensar y concebir otras formas de convivencia ciudadana y ambiental que los vincule en los territorios como semilleros de paz y guías para un desarrollo integral sostenible para la humanidad.   

Dentro de los temas que debemos abordar con las y los educandos esta; “El Buen vivir”, expresión en castellano o sumak kawsay en quechua, que se refiere al paradigma de vida hacia  el  cual  deberá  orientarse  el  “desarrollo”.  También debemos referirnos a otras prácticas que son intrínsecos a este ejercicio social como son la economía social solidaria, los circuitos económicos locales, el comercio justo y el consumo consciente, expresiones que nacieron de las prácticas campesinas y de la cosmovisión ancestral de la vida, temas que se han convertido en la actualidad en un referente del pensamiento crítico latinoamericano por su importancia e impacto en el tejido social colectivo.

El buen vivir denota vida en plenitud, armonía y equilibrio con la naturaleza, el buen vivir significa regresar al equilibrio natural bajo la perspectiva biocéntrica, el cual argumenta que toda actividad humana está en función de la vida, no solo del ser humano sino de todos los seres que convivimos en el planeta, porque todos estamos interconectados entre sí. Dentro de este proceso se encuentra la economía social solidaria que se fundamenta en el bienestar de las personas y del medio ambiente, según José Luis Coraggio, esta economía es social porque construye sociedad y no solo rentabilidad, porque genera valores de uso para satisfacer necesidades de los productores como de las comunidades.

La economía de la solidaridad ha venido tomando importancia para la reconciliación, convivencia y la paz en el mundo, además es vista como alternativa para mejorar la calidad de vida de muchas comunidades que se han organizado de forma voluntaria, con principios de corresponsabilidad, interdependencia, reciprocidad, redistribución, y complementariedad, generándoles beneficios en su crecimiento económico, generación de empleo, redistribución de ingresos, cuidado del medio ambiente y re composición del tejido social.

Los circuitos económicos locales, es otro de los temas fundamentales para la construcción de comunidad y de los territorios, las familias, amigos y vecinos son actores decisivos en esta red solidaria que a través de las dimensiones ecológicas, sociales, culturales, espirituales y políticas se potencian y se desarrollan en prácticas responsable y sostenible de extracción, producción, procesamiento, distribución, consumo y descarte que se estimulan por las relaciones de un mercado social y trabajo colaborativo.

Es de anotar, que el comercio justo es un hilo conductor que coadyuva a estas relaciones solidarias de convivencia que históricamente se le ha denominado comercio con justicia, solidario, justo, ético, orgánico, ecológico y equitativo. El comercio justo consiste en articular los diferentes actores que se relacionan en los circuitos económicos locales anteriormente mencionados para que interactúen económica y socialmente de forma horizontal, solidaria, democrática, complementaria, justa, integral, sostenible y equitativa en busca de intercambio de productos y servicios de la comunidad, para la comunidad y el medio ambiente.

Por otro lado, el consumo consciente responsable y solidario es otro de las acciones complementarias y fundamentales para que este movimiento espiral y circular sea integral y sostenible. Un consumidor responsable es una persona informada y consciente de sus hábitos para usar o comprar productos o servicios ajustados a sus necesidades socio económico y ambientales con las que vive. El consumo consciente y solidario prioriza economías locales comunitarias que producen de forma agroecológica, colectiva y familiar, es además crítico y conocedor de las consecuencias sociales y ambientales de sus acciones cotidianas de consumo. Por tal razón, un consumidor transformador analiza más allá del precio o la calidad del producto, pregunta quién lo produjo, bajo qué condición se realizó, que material utilizó, donde terminará el embalaje y descarte.

Es decir, el consumo consciente crítico responsable y solidario debe ser una filosofía de vida hasta que se convierta en una forma natural de actuar en todos los escenarios socio económicos de las personas, sustentados en lineamientos incluyentes con enfoque de género, enfoque territorial, diversidad y pensamiento biocéntrico.

Pero para llegar a este referente es imperativo repensar la educación desde la complejidad, enfatizando en la transdisciplinariedad, fundamentándonos en la propuesta de Ciurana, Morín y Motta (2003) sobre la necesidad de Educar en la Era Planetaria con pensamiento complejo, con prácticas educativas más integrales, sensibles, multidinámicas, humanas, profundas, autónomas, libertarias, de resiliencia,  de esperanza e integradora.

Las críticas de Jiddu Krishnamurti sobre la educación es estructural, él nos invita a la autoobservación, manifiesta que la educación se convirtió en una herramienta para instruir y capacitar de forma memorística y  rutinaria para el trabajo, Krishnamurti dice: “Estas escuelas deben cultivar la totalidad del ser humano” (2008, p.  1). De igual forma Nussbaum afirma que la estructura educativa descuido el cultivo de los ojos interiores y se dedicó a engrosar la riqueza nacional desvirtuando lo fundamental del ser humano (2011). Las reflexiones de los autores nos hacen un llamado no solo a la mirada crítica a los actos de las personas a través de la ética, sino que nos hacen ver que somos seres interdependientes e interconectados con todos los seres vivos.

Tal como describe Vandana Shiva, entre hombres, mujeres y naturaleza no hay barreras, ni divisiones que los separe porque son una dualidad en la unidad complementándose de forma inseparable. (1995), La autora dice que: “La naturaleza es simbolizada como la encarnación del principio femenino y también es alimentada por lo femenino para producir la vida y proporcionar los medios de subsistencia” (1995, p. 77).

Para finalizar, no podemos seguir con modelos de desarrollo que instrumentalicen a la educación con fines competitivos, individualista y fraccionados, debemos retomar la cultura de la esperanza, confianza y otredad, donde des mercantilicemos las relaciones interpersonales y descolonicemos nuestro pensamiento y actuar, porque ante todo somos ciudadanos y ciudadanas antes de ser emprendedores y consumidores.

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